lunes, 27 de enero de 2014

El hombre invisible


Me pongo a escribir estas líneas hoy porque necesito hacerlo. En mi cabeza se amontonan pensamientos, sentimientos, palabras a las que tengo que dar forma, para despedirme de alguien que se ha ido sin avisar, alguien que no tenía que haberse ido aún.

Pasé en la facultad de medicina 6 años de mi vida. Aún recuerdo muy bien el día que entré, la sensación con la que pisé por primera vez el edificio. Recuerdo el cúmulo de emociones que se arremolinaban dentro de mi aquellos primeros días, lo feliz que me sentía, lo afortunada que me creía por haber conseguido llegar a ser alumna de medicina.
De la facultad tengo muchos recuerdos, muchísimos. Cuando pienso en ella veo un edificio amarillo que aunque ahora se cae a cachos, fue una casa para mi. Veo las caras de parte del profesorado, quienes más sonreían, aquell@s que me trataban como a una igual o quienes con sus ojos ponían fe en mis aptitudes. Recuerdo al personal de reprografía y cafetería, personas que nos salvaban la vida a base de recolectar nuestros apuntes o proporcionarnos esa tostada que sabía a gloria tras una clase infumable. Me quedé con sus sonrisas, sus maneras amables, su empatía para con nuestro sufrimiento cuando no salían los temas a tiempo o el café no llegaba en los 5 minutos que teníamos de descanso.

Había una persona en la facultad que para mí era casi el espíritu mismo del edificio y del cual dependía su funcionamiento. Una persona sin la cual yo no puedo imaginarla, sin la cual me cuesta pensar que pueda seguir adelante sin desmoronarse. Hoy esa persona ha fallecido.

Y yo no me lo puedo creer.
No puedo creer que ya no esté allí. No puedo creer que la facultad pueda seguir funcionando sin él. No puedo imaginar mi facultad si él no está de un lado a otro, siempre con algo que solucionar entre manos.

Pedro sonreía siempre de forma socarrona. Pocas veces estaba quieto en un sitio, y jamás le vi sentado. Cuando le buscaba fingía que detestaba que le diera trabajo, pero nunca me sentía tan segura y tan tranquila como cuando sabía que las cosas que tenían que hacerse dependían de él. Era una de las personas más trabajadoras, eficaces y humildes que he conocido en mi vida. Y no era profesor ni tenía título. O sí lo tenía, pero yo nunca lo supe. Porque era muchísimas cosas. Era el hombre para todo, el que se conocía cada rincón del edificio, cada defecto, cada necesidad. Controlaba la ocupación de las aulas, los equipos audiovisuales, el mantenimiento. Nunca supe cuales eran exactamente sus competencias porque cuando tenía una petición para él, siempre la asumía. Él no era un "búscate la vida" o un "ven a pedírmelo después del café". Era una mirada comprensiva a lo que para mi era necesidad, una mano dispuesta, un "si se puede".

Yo quise dejar huella en la facultad desde el consejo de estudiantes. Quería llevar a cabo proyectos, tenía ideas, soñaba con un alumnado implicado en su formación, con cambiar la tendencía a tragar lo que masticaba por nosotr@s el profesorado y otras personas interesadas en llevar las riendas. Quería sembrar vocación, ilusión por una meta. Quería que se nos escuchase y se nos pusiera como protagonistas en lugar de como espectadores/as. No era fácil llevar a cabo esa tarea, ni sacar adelante las actividades que se nos ocurrían. Pero siempre tuvimos un aliado maravilloso. Pedro era la primera persona a la que yo acudía con alguna de esas locas ideas, y él las escuchaba, las criticaba, les ponía pegas, y después las hacía realidad. Aunque no lo habría reconocido nunca, disfrutaba echándonos una mano, se encargaba personalmente de que todo fuera según lo previsto. Era un tremendo crack. Y yo le admiraba.

Recuerdo que un día le dije que él era quien llevaba las riendas de la facultad y se rió. Le dije que sin él la facultad no podría funcionar porque yo realmente creía que era verdad. Quise que fuera nuestro padrino de promoción, quise invitarle a la graduación porque él me había ayudado y enseñado mucho más que la mayoría de los candidatos. Pero sólo era el conserje (no me puedo creer que sólo tuviera ese título). ¡Claro que estará en la graduación! - me dijeron - Entre bastidores.

Y él se encontraba a gusto allí, en las sombras, entre bastidores. Nadie se fijaba en él ni en su trabajo porque no era protagonista de nada. Pero lo hacía posible todo. TODO.

Hoy los periódicos hablan de él como un hombre de mediana edad, el conserje de la facultad de medicina, un paciente del hospital, una víctima de una de esas enfermedades que encajan bien en un titular. Su fallecimiento es titular, su edad, incluso su nombre. Pero no hablan de él. Ningún periódico habla de él.
Me pregunto si en la facultad lo harán. ¿Habrá algún acto oficial, pondrán su nombre a algún aula? ¿Sería así si el fallecido hubiera sido un profesor o profesora? Muy probablemente si...

He decidido escribir sobre él porque nunca le dije lo mucho que me ayudó en mis años como estudiante de medicina. Nunca le dije cuánto le admiraba por hacer su trabajo como nadie, por su disponibilidad, por sus formas, porque jamás lo dejaba para luego, porque echaba más horas que nadie a pesar de lo poco que se le valoraba y agradecía. Pedro era invisible y lo sabía pero debía adorar nuestra facultad y creo firmemente que adoraba a sus estudiantes.

Para mi, su ejemplo fue una de las lecciones más importantes que me llevé de aquellos años. Su forma de trabajar incansable, desde las sombras, con la satisfacción de un resultado exitoso como única recompensa. Sin laureles, sin gloria, sin titulares, sin reconocimiento. No era médico ni salvó vidas (o eso creo) pero dejó huella en algunas. Al menos lo hizo en la mía.

De verdad y de corazón espero que lo sepas, Pedro. En tu vida quizás fui una anónima estudiante, una más de tantas que viste crecer y salir de allí titulada. Quizás supe hacerte llegar lo mucho que me ayudaste esos años, lo mucho que me allanaste el camino y las fuerzas que me diste para perseguir mi meta.

Irónicamente te despides de la facultad y de este mundo en un titular. Este es mi humilde homenaje, porque es tu vida y no tu muerte lo que dejará huella. Para mi hoy la facultad queda vacía de espíritu y vacante de corazón. GRACIAS Pedro por haber formado parte de su engranaje tantos años. GRACIAS por todo lo que hiciste posible con tu esfuerzo. GRACIAS y hasta siempre. Mil gracias.


8 comentarios:

  1. Ante todo muchas gracias por dedicarle esta entrada tan bonita a una persona que era un trabajador y un luchador nato,considero que has descrito como era él en toda su esencia, nuevamente repito muchas gracias por reflejarlo como era el en su esencia y por conseguir que me emocionara al leerlo.
    Un saludo enorme
    Pedro Abad (hijo)

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  2. Me alegra mucho que haya llegado a ti y te haya gustado. Gracias por por tus palabras. Un abrazo muy fuerte

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  3. Yo también estoy de acuerdo contigo, compañero trabajador donde los haya. Pedro, te echaremos mucho de menos. Tu mujer y tus hijos se pueden sentir muy orgullosos de tu persona.

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  4. En nombre de la Tuna de Medicina de Badajoz, sentimos enormemente lo que ha pasado. Tus palabras son totalmente ciertas. Siempre estaba alli para todo lo necesario. Siempre organizando, pendiente de todo. Aparte personalmente lo admiraba muchisimo, Te hecharemos de menos, Pedro.

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  5. ola, yo soy una estudiante de medicina que cursa recién el segundo año, y tus palabras me han llenado de aliento y reafirmo el porqué elegí esta carrera, gracias por contar tus experiencias y de darme una idea de lo que me viene luego.

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  6. Cuando entre a tu blog no me imaginaba encontrar lo que encontré, él título de tu post tampoco me dio una pista, y solo tengo que decir, que tu post es uno de los mejores que he leido, él era un conserje, y qué?, era un persona maravillosa, según he entendido con tu homenaje, hay personas que no se les da la importancia que tienen solo por un título, gracias por compartir tu experiencia, me ha gustado leerla, muchas bendiciones.

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  7. Hola soy el hijo de Pedro,después de tanto tiempo, sigo leyendo tus palabras porque me hacen sonreír, has descrito perfectamente a mi padre, solo decirte que gracias.Puede que nunca le hagan un homenaje pero tampoco le habría gustado, creo que tus palabras, le habrían sacado la frase que mas le oí decir "No es para tanto ,solo es mi trabajo".
    Nuevamente gracias
    Un saludo, Pedro Abad, hijo

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    1. Hola Pedro.
      Tres años ya, parece mentira... es muy cierto lo que dices,¡no le habría gustado un homenaje! Pero se lo merece más que nadie... la verdad es que éste fue un escrito que me salió tal cual lo sentía cuando me enteré de lo que le había pasado. Dejó huella, puedes estar seguro.Un abrazo grande

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