martes, 8 de octubre de 2013

La Trampa


(Des)Querido gobierno:

Me han convertido en una tramposa.

Yo trabajo en un Centro de Salud. Soy médica residente de una especialidad que poco les importa a ustedes, y en la que cada año invierten menos, pero que a mi me encanta. Y me encanta porque entre otras cosas, resulta que en esta especialidad conozco y visito a muchas personas a las que cuando atiendo miro a la cara, a los ojos. 
Atiendo a personas que cuando se sientan en la consulta hablan con los labios pero también con el cuerpo, con las manos y con la mirada. A veces lloran. Otras veces ríen. 
En mi trabajo damos noticias buenas, malas y regulares todos los días. Y atendemos a todo el mundo. 
La mayoría de la gente que acude a mi centro de salud es gente del barrio, gente con más o menos recursos, pero con tarjeta sanitaria. En esos casos podemos hacer muchas cosas, tenemos bastantes recursos (otra cosa es cómo funcionen, pero de esto mejor hablamos otro día). Pero a veces, las menos, atendemos a gente que no la tiene. Esa gente que según ustedes viene a aprovecharse del sistema sanitario, gente que no interesa, gente que molesta. Y vienen de urgencias, claro.

Hoy visité a una mujer joven. Le interrogué y la exploré lo mejor que pude. En el reconocimiento, mi tutora y yo encontramos algo que no nos gustó. Cierto que no nos pareció nada urgente, pero como profesionales de la medicina creímos pertinente pedir un estudio, porque aunque puede que sea algo que nunca tenga repercusión ni le dé problemas, nos pareció que había que investigar un poco más. 

La paciente en cuestión vive aquí en España desde hace tiempo, con 2 niños pequeños, aunque en su país ha dejado a otros 4. Tiene muchas ganas de trabajar, y lo intenta, pero siempre que trata de conseguir la legalidad le dicen "suerte" y le dan la espalda. Eso me contó ella. Yo la escuché contar su historia mientras la exploraba, lo que ella me quiso contar. 

No se si lo saben, pero en mi trabajo también escuchamos muchas historias de muchas vidas, todas diferentes y casi todas de esas que te erizan cada pelo de la piel. 

Así pues, como les digo, hoy escuché la historia de mi paciente sin tarjeta. Y en las cicatrices de su cara, en sus manos oscuras y en su mirada triste vislumbré una vida difícil en la que nadie le ha regalado nada. Una vida que ella conquista día a día, sin resignarse, sin flaquear. Pero en su discurso, su voz se quiebra de vez en cuando. En algún momento menea la cabeza y dice "bueno", quizás recordando que en su piel se han grabado tiempos peores.

Cuando terminó de hablar, recogí sus manos oscuras con las mías y le dije que nosotras estaríamos allí para ella, que podía contar con nosotras, que le daríamos soporte y apoyo. Pero cuando quise pedirle una prueba para estudiar lo que había encontrado, no pude ofrecérsela.

No se si se lo he dicho pero en este trabajo a veces tienes que contener las lágrimas.

Y ahora si pueden, díganme ¿qué tengo que hacer en estos casos, señores y señoras del Gobierno? ¿Cuál es mi misión? ¿Debo decirle a mi paciente que su condición de ciudadana de segunda clase no me permite estudiar algo que desde el punto de vista médico, y si hubiera nacido aquí, se le podría y debería estudiar?
No puedo hacer que el nombre de mi paciente sea aceptado por el sistema informático, ni puedo conseguir una cita para ella con radiología, eso es verdad. No puedo controlar todos los pasos necesarios para que mi joven paciente de manos oscuras y ojos tristes pero firmes sea atendida como médicamente considero que debería hacerse. Pero puedo hacer otra cosa.
Puedo hacer trampas.

Quizás ya vayan intuyendo la razón de ser de mi carta...

Hoy les escribo porque quiero que sepan que su ley, esa ley ridícula e indecente que se han sacado de la manga no sirve para nada. O al menos, para nada bueno, ni para lo que se supone que debe servir.
Porque entérense de una vez que una ley que clasifica a las personas en ciudadan@s de primera y de segunda, solo sirve para que yo, como profesional sanitario que me comprometí en su día a velar por la salud de todo aquel que acude a mi, haga un rodeo para no dejar de atender a nadie. Porque donde hay una ley hay una trampa.  

Y sepan que la trampa, muy a mi pesar, le sale más cara al sistema sanitario y se deriva en una mala utilización de los recursos. Y es a eso a lo que nos han empujado. Porque quienes trabajamos en esto creemos firmemente que el acceso al sistema sanitario no es un lujo ni debería serlo jamás para nadie, y si está en nuestras manos, la decisión de tratar o no tratar, de pedir estudios o no pedirlos, no será administrativa sino médica.

El hecho de que mis pacientes tengan o no una tarjeta que diga que son bienvenidos en este país no me importa en absoluto, (des)querido gobierno. Ya hace bastante tiempo que quienes nos dedicamos a la sanidad venimos pidiendo que se nos escuche. No vamos a acatar su ley de desprecio por la vida humana. Hicimos una promesa al mundo y a nosotros mismos en la que nos comprometimos a poner todo lo que esté en nuestras manos para procurar la salud de quien nos necesite. Porque de eso trata la vida ¿saben? de dar lo que se tiene para ofrecer y construir un mundo en el que no existan las palabras exclusión, xenofobia e injusticia.

Ustedes, señores y señoras del gobierno me han convertido en una tramposa. Enhorabuena. 

                                          
                                            Video de la iniciativa #YoSiSanidadUniversal



                                    Vídeo de la campaña #NadieDesechado de Médicos del Mundo. 

13 comentarios:

  1. Hola Belén,
    Me ha emocionado leer tu post, me he tenido que parar a secarme las lágrimas varias veces. Me alegra que en nuestra sanidad pública haya profesionales como tú, y me consta que sois muchos más, que dentro de lo posible impiden que esta ley se salga con la suya. Enhorabuena por ser una tramposa. Aquí una ciudadana más que os apoya.

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  2. Me ha gustado mucho. Estas cosas me devuelven la fe en la humanidad. Gracias

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  3. Sabes doctora...tengo una sobrina que es médico como tu....y también como tu, me comenta cosas muy parecidas a las que tu has contado...suerte que todavía tenemos personas buenas y profesionales como la copa de un pino, gracias por ser así...y vergüenza les tendría que dar a éste desgobierno y a la gente que les apoya...

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  4. De payaso a payasa... mi sombrero.
    Esas voces de rebeldía me reconcilian con el mundo cuando, como hoy, el cansancio me hace pensar en mirar para otro lado. Supongo que ya conoces esto: Yo Sí, Sanidad Universal. Si no, asómate y... bienvenida.
    En cualquier caso, lo dicho, besos payasos.

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  5. Muchos días te levantas con el corazón encogido, con noticias que te dejan desolada, con pena, con tristeza. Piensas: ¡Dios mio! ¿Cómo puede haber personas así, tan malas, en el mundo?.
    Otros días, la mayoría de los días, das gracias a Dios por otras personas, la mayoría de las personas, que son buena gente, solidarias, amables, cariñosas y hacen sus tareas lo mejor que saben.
    Finalmente otros días, los menos, pero también los hay, lloras de emoción cuando descubres en alguien un corazón tan grande y un convencimiento tan fuerte de lo que es bueno; como con este artículo que llega al alma de cualquiera y que nos devuelve la esperanza en las personas.
    ¡Gracias Dios mio! ¡Gracias por Belén! ¡Y por tantas personas dedicadas a la sanidad como vocación! Teniéndolas a ellas no hay ley que destruya la solidaridad y el amor en este mundo.

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  6. Gracias, Belén, Gracias por demostrar que podemos seguir luchando por un mundo más justo.
    Gracias.
    Quizás algún día tengamos que viajar y ser nosotros los extranjeros o nuestros hijos y nos gustaría que los ayudasen.
    Gracias por seguir demostrando que este mundo tiene MUCHA ESPERANZA. Gracias a todos los que defendéis una SANIDAD UNIVERSAL.

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  7. Me ha emocionando tu carta , creo firmemente que eres una gran profesional , pero sobre todo eres humana y tienes unos sentimientos muy bellos.
    No cambies Belen .
    Besos desde Badajoz

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  8. Simplemente Gracias!! De parte de todos aquellos que no saben como dartelas...Gracias!!!

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  9. Creo que eres muy valiente y haces una gran labor. Gracias a personas como tú hay otras que tienen una salud mejor y, por tanto, una vida mejor.
    Soy psicóloga y me encuentro en una situación parecida: quieren cerrar el centro en el que, desde hace casi 8 años, tratamos a personas que se encuentran en una grave situación de exclusión por su drogodependencia y enfermedad mental. Estamos intentando que la administración pública, nuestro (des)gobierno autonómico, rectifique y continúe con su financiación para no tener que cerrar este recurso que es parte, además, de la red de salud pública (SES). Hemos iniciado una campaña para obtener apoyos (#salvemoscasaroja) y una petición en Change para que la gente pueda firmar: http://www.change.org/es/peticiones/salvemos-la-c-t-casa-roja-alucod-al-gobierno-de-extremadura-incluy%C3%A1nla-en-los-presupuestos-del-2014
    Ánimo en tu labor, que lo más importante es ayudar a las personas

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  10. Felicidades Belén! creo que eres muy valiente. También soy médica de familia y, como tú, siempre que lo necesito "procuro" hacer las trampas justas y necesarias para mis pacientes... Aprovecho para animar a los lectores, sobretodo aquellos que no se dedican a la medicina, a participar de iniciativas ciudadanas que luchan en contra de la exclusión sanitaria, como por ejemplo YoSíSanidadUniversal. Puede ser un comienzo para cualquier ciudadan@ de a pie...
    Un abrazo y gracias por emocionarme con tus palabras...

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  11. Qué gusto que hayan personas como tú en este mundo, tratando te cambiar el sistema y con ello la vida de muchas personas.
    Mucha suerte. Bendiciones.

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