domingo, 29 de septiembre de 2013

La revolución que este mundo necesita

A veces me pongo a releer entradas que tengo en borradores, entradas que no me atreví a publicar cuando las escribí, por diferentes motivos. La mayoría las acabo desechando, algunas las modifico. Pero releyendo esta entrada, que escribí en diciembre del año pasado, me ha apetecido compartirla con quienes me leéis sin modificar ni una coma. Aunque hay cosas que quedan un poco desfasadas, la idea general sigue siendo muy actual y hoy me apetece que salga a la luz. Acabo de ver la película de El Pianista y me sigo preguntando cómo puede ser que el ser humano haya cometido y cometa semejantes atrocidades con sus congéneres. Ser consciente de esta realidad me abruma y me aterroriza. ¿Llegará un día en el que nuestro mundo deje de sangrar? Os dejo con esta reflexión...
                                  
El fin del mundo no llegó ayer. Es tremenda la repercusión mediática que ha tenido esta predicción de los antiguos mayas en nuestro mundo civilizado. Ayer ya las redes sociales se llenaban de comentarios bromeando a cerca del tema. Yo solo podía pensar en una cosa. ¿No sería mejor para este mundo que la raza humana dejase de verdad de existir?

Y es que tenemos que admitir que desde que estamos aquí lo único que hemos hecho ha sido joder a lo grande a nuestro planeta. Nos hemos cargado bosques, ecosistemas, especies enteras de animales. Hemos esclavizado a nuestros semejantes, participado en guerras y aniquilaciones en masa de grupos minoritarios, hemos arrasado culturas enteras y seguimos... Después de miles de años seguimos siendo bestias, seguimos discriminando, odiando, llevando la violencia allá por donde pasamos.

Es muy doloroso. Me duele levantarme por las mañanas y ver las noticias. Me duele ver los bombardeos en Gaza, el asesinato de 20 niños y algunos de sus profesores y profesoras en un colegio en el país supuestamente más avanzado del mundo, la situación de las niñas en países como la India, la absoluta indiferencia de los gobiernos ante el sufrimiento de las personas, ante los suicidios, ante la desprotección que sufren...

Estudio cada día con el pensamiento de llegar a trabajar como médica, de ser útil a la sociedad, de colaborar en construir una sociedad justa para tod@s, de poner mi granito de arena y poner por fin mis manos, mis conocimientos, mis habilidades y mi corazón al servicio de la sociedad que me ha formado con el dinero de cada ciudadano y ciudadana de este país.

Y cada día me acuesto con la sensación de que este mundo, poco a poco, se está yendo al carajo. Irremediablemente, y sin que no hagamos absolutamente nada por cambiarlo. Nos empapamos de noticias que nos acongojan, que nos hieren y nos revuelven, pero después apagamos la tele o el ordenador y seguimos a lo nuestro. La vida sigue siendo injusta para las millones de madres que tienen que ver morir a sus hij@s de hambre, para los y las inmigrantes que trabajan día a día para labrar un futuro para su familia y que ven como sus derechos se reducen cada vez más, cómo cuanto más honrado seas, más sales perdiendo...

¿Por qué, por qué? ¿Por qué hemos construido un mundo tan terrible? ¿Por qué nos encaminamos hacia nuestra destrucción? ¿Por qué somos cada vez más egoístas, más individualistas, más ...?

Mi hermano pequeño es ahora adolescente, y entra en esa etapa de la vida en la que te cuestionas tu existencia, tu estatus, la sociedad en la que vives... Mi hermano convive cada día con esas terribles noticias y en su interior crece la pregunta que much@s nos hemos hecho alguna vez, y nos continuamos haciendo. ¿Qué puedo hacer yo para cambiar el mundo? Este mundo rastrero, egoísta, injusto, triste. Y se frustra porque se siente impotente. Se siente solo, incomprendido, abrumado por una sociedad que solo se preocupa por consumir, por retener, por acumular. Una sociedad que sólo se preocupa de lo propio y jamás se ve reflejada en los ojos del prójimo. ¿Hasta cuándo vamos a continuar así? ¿Hasta cuando vamos a desoír el dolor de nuestros congéneres, a ignorar su sufrimiento? El mundo necesita cambios, necesita revoluciones. No revoluciones con armas, que de esas ya ha habido muchas, y son las que nos han dejado este legado de miseria... No revoluciones impositivas, intolerantes con las diferencias o que busquen una sola manera de ver y vivir la vida. Si no una revolución de amor. Si de amor. Esa palabra tan cursi que parece que solo se usa en los sms de los quinceañeros o en los poemas vacíos de sentido que proliferan por la red. El amor es lo que debe dirigir nuestras vidas. El amor por la gente, por la tierra, por las diferencias, por las sonrisas, por la felicidad del que tenemos al lado. Sin miedo, sin rencor, sin odio, sin mentiras. Sólo si dejamos que el amor nos embargue y dirija nuestras vidas, conquistaremos el mundo. Sólo procurando el bien de los demás, obtendremos el nuestro. Jamás nosotros por delante. Jamás pisaremos a otra persona por conseguir algo para nosotros. Revolvamos los cimientos de esta sociedad, de esta civilización. Dejemos de buscar nuestro propio beneficio, inundemos este mundo de gestos valientes de personas que no tienen nada que perder y mucho que ganar. Tengamos por objetivo que ninguna persona de nuestro lado sufra y esté sol@. Hagamos de la humanidad nuestra familia, porque por la familia se es capaz de todo.

Pensadlo, un momento. Si solo tú y tu familia y amigos más cercanos se preocupan por ti, seréis unos pocos. Si toda la humanidad de preocupa por ti, ¿no sales ganando? Si cada uno nos preocupamos por cada quién que nos rodea, ¿no salimos ganando?

Hay recursos para todos. Bienestar para todos. Nuestro planeta está lleno de riquezas ¡y lo único que se nos pide es que la compartamos! ¿Tan difícil es?

Yo se que es posible. Lo es porque cada día en el que se nos echan encima todas esas noticias cargadas de dolor, se cuelan entre ellas algunas llenas de sonrisas, de solidaridad, de espíritu colectivo. ¡Cuántas cosas buenas podemos hacer! ¡Cuánta felicidad podemos repartir! ¡Solo tenemos que querer! Poner la otra mejilla no significa dejarte apalear. Significa contestar al odio con amor. Significa sonreír a quien te critica, elogiar a quien te insulta, amar a quien no te soporta. Cuando alguien te da una bofetada, espera otra, espera que alimentes su odio, su cólera, espera que le des la razón. Si tras una bofetada de la sociedad, tú devuelves un abrazo, este mundo ya habrá cambiado un poquito.

No nos dejemos llevar por el desánimo, las malas noticias, la injusticia, el sufrimiento.  Desgraciadamente, siempre habrá personas que actúen como muros y te hagan querer tirar la toalla. Pero el ejemplo contagia, y si conseguimos ser mayoría y aunar esfuerzos al final nadie podrá con la revolución. No dejemos que sean esos pocos los que nos conviertan en parte del problema. No contestemos con el corazón lleno de odio. Busquemos lo positivo de este mundo, las cosas buenas que hacemos y construímos cada día y potenciémoslas. Démonos una oportunidad. Rescatemos a la raza humana. Seamos instrumentos de cambio social, llevando por bandera nuestra sonrisa más sincera.

¿Podemos?

                                        

Os dejo un vídeo maravilloso que nos demuestra el poder que no nos creemos tener, y que lo que pensamos que son gestos sin importancia, son eslabones de una cadena que puede extenderse hasta el infinito. Si dejamos que el amor guíe nuestros actos este mundo se curará por fin del dolor que le hemos causado. ¿Acaso no merece la pena tener fe y luchar por alcanzar este fin?

2 comentarios:

  1. Me encanta el video. Ya lo había visto pero me ha gustado volver a verlo! Esos pequeños gestos son muy grandes, y ojalá entre todos hicieramos un mundo mejor!! :)

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  2. El contenido de tu entrada me parece fantástico tanto por como lo expresas como por las ganas que pones en conseguir ese cambio. Sin embargo, pienso que es un discurso demasiado idealista. Jamás en la vida se va a conseguir el mundo que dibujas simplemente porque con la sola presencia de una manzana podrida en un cesto ya contagia a los demás y en un mundo de 7 mil millones de personas (que se dice pronto) es imposible que todos acepten ese cambio. Seguirán existiendo intereses personales y gente que no se preocupe de ver más allá de enriquecerse a costa de una mayoría esclavizada. El ser humano ha sido, es y seguirá siendo el peor animal de la tierra. Los mayas ofrecían el sacrificio de personas a sus dioses para conseguir un buen año de lluvia, los nazis masacraron para conseguir la raza aria y los americanos han matado a miles de personas inocentes para asegurarse el control del oro negro. En definitiva, este mundo sólo respirará paz cuando el ser humano se extinga...

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