domingo, 7 de julio de 2013

El hospital es un entorno hostil


Cuando paso a ver a mis pacientes a la planta de medicina interna suelen estar malit@s. Algun@s más que otr@s, pero generalmente ni están a gusto ni se puede esperar que lo estén, por muy maravillosos que sean los cuidados que se les proporcionen.

Desde la perspectiva del profesional que va a trabajar, pasar la mañana entre esas cuatro paredes puede ser hasta agradable; si tienes buen rollo con tus compis de equipo, si no tienes problemas técnicos/logísticos que te impidan trabajar a gusto, si te gusta lo que haces...

Yo paso a ver a mis pacientes siempre con una sonrisa dibujada y mi mejor actitud. Como podéis imaginar y sabéis quienes me conocéis un poco, me considero tremendamente afortunada de realizar este trabajo, pero a pesar de ello procuro siempre observar y prestar atención a lo que me transmiten las personas por las que mi trabajo tiene sentido. Y resulta que detrás de cada puerta me espera una historia que no pocas veces me perturba.

A veces es una anciana a la que visito día tras día, a la que llamo por su nombre y miro a los ojos buscando saber cómo se encuentra. Algunos días esa mirada refleja inquietud. Otros esperanza. Pero hay días en los que detrás de una mascarilla sus ojos aterrorizados se aferran a la vida que hace unos minutos creía perder, porque el aire se resistía a entrar en sus pulmones.

Otras veces son abuelitas y abuelitos a quienes los años no sólo han arrebatado el color de la piel o la turgencia de la musculatura, si no también a quien quiera que una vez se preocupaba por ell@s. Les he visto pasarse días sin más compañía que la de quienes hacemos de este nuestro trabajo.

He visto gente joven a quienes sus elecciones en la vida les han llevado lejos de su familia, tener la entereza de soportar un ingreso largo y lleno de incertidumbres para terminar recibiendo el peso de un diagnóstico que les hace descubrir que hay ciertas cosas que tienen miedo de afrontar sin compañia.

He visto arrepentimiento en los ojos de alguien, por llevar una vida que se les ha dicho que es mala y cómo el peso de la culpa les hace pensar que en el fondo, se merecen lo que les está pasando. Y aunque ese sentimiento pese más que la propia enfermedad, nadie les dice lo contrario.

El hospital es un entorno hostil donde las batas blancas creemos a pies juntillas que curamos enfermedades. Porque para nosotros, quienes ocupan las camas son problemas que solucionar (interesantes, desafiantes).

Pero debajo de nuestra máscara científica, técnica y ávida de solucionar los problemas de la gente, es preciso tener una funda de lágrimas sin derramar y una mirada que nos permita ver y empatizar de verdad con la persona que se esconde detrás del pijama que no cubre vergüenzas. Personas con miedo, culpa, ira, dolor. Pacientes que sufren y que necesitan más que nada, que nuestras manos sean firmes al coger las suyas y que podamos mirarles a los ojos para decirles "estoy aquí por ti, y no voy a dejarte". Y que sea verdad.

Mi trabajo lo realizo en un entorno hostil, porque veo cada día a gente que desearía no necesitar lo que les ofrezco. Porque ni con mi mejor sonrisa puedo hacer que se sientan como en casa. Y porque la mayoría de las veces yo no les voy a curar. Se curan ell@s.
Sin embargo, aún en este entorno tengo cosas que aportar. Puedo ser prudente a la hora de pedir pruebas complementarias, pensando en si son realmente necesarias para el bienestar de mi paciente o si por el contrario podría hacer más con menos. Puedo tener en cuenta los horarios de sueño a la hora de pautar medicación, y procurar que nunca tengan que despertarle para pincharle o darle un medicamento. Puedo escucharles cuando me dicen que le gustaría traer su propio pijama o cuando me preguntan si puedo cambiarles la dieta (eternamente diabética y sin sal, aunque no seas diabétic@ o hipertens@). Puedo demostrarles que les visito porque me preocupan de verdad, acercarme a sus camas y tocarles sin miedo ni pudor. Mirarles sin reproche ni juicios, dejarles claro que no me importa qué hayan hecho para llegar a donde están, que mi único propósito es procurar su bienestar y acompañarles sobre todo cuando queda claro que nadie más lo hará.

Mi mayor aspiración estando en el hospital, es reflejar cada día en mi trabajo que me hice médica porque me gustan las personas. Porque durante la enfermedad aparece el lado más frágil pero también el más humano, el más auténtico, quienes somos y hemos sido siempre, libres de máscaras. Y no hay nada que se iguale a acompañar a una persona durante esos momentos. Nada que te haga ser más consciente de que la vida hay que vivirla con intensidad, alegría, amor y más amor.

El hospital es un entorno hostil, se mire por donde se mire. Lo es para l@s pacientes, para sus familiares y también para mi, futura médica de familia que tiene su hábitat natural en el centro de salud. 
Algún día hablaré del centro de salud. 
Pero mientras me toque vestir el pijama blanco de hospital luciré una mariposa en la solapa para llevar el color a las habitaciones más oscuras. 

Me hice médica porque me gustan las personas :)


23 comentarios:

  1. Preciosa entrada, ojala nunca cambies tu perspectiva de esta profesión y sigas regalando esas sonrisas a tus pacientes.

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  2. Genial entrada xiqueta :) Sabes ese refrán de... "quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija"....tú eres mi árbol hospitalario!! ^_^

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    1. Ayss no me digas eso! jeje Por el hospital hay muchos buenos árboles y much@ gran profesional de quien aprender. Me alegra que te haya gustado el post! Un besazo!

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  3. Me encanta tu mariposa!!! y lo que dices, cuánta razón!

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    1. Verdad que si? Es chulísima mi mariposa! Gracias por comentar!! Un beso grandee, te veo prontito! ;)

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  4. Felicidades por tu visión del mundo!!! Sigue regalando sonrisas de esa forma!!!

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  5. con la suficiente perspectiva podríamos decir que no hay entornos hostiles si no habilidades de adaptación por desarrollar, pero no es tan fácil. la realidad nos hace atravesar desiertos y terminamos escupiendo al cielo por tanta arena...

    la enfermedad es un desierto, el hospital muchas veces también. mucho dolor encajonado en habitaciones una encima de otra, al lado de otra, y otra...

    esa cantidad de dolor tiene algo de antinatural, algo que se siente en la médula. algo que te quema en las guardias...

    llevar color y sentido a ese desierto es quizá la tarea más delicada que un médico pueda hacer por una persona que sufre. una tarea que hace a diario familiares y cuidadores, amigos, voluntarios y otros profesionales.

    como médico tenemos que aportar algo más, algo que no se enseña en el pregrado y que se tarda mucho en aprender. algo que nace de la conciencia de saber que el sufriente no es más que un reflejo de nuestra imagen cuando nos inclinamos sobre la superficie de las aguas de la cabecera del paciente. contemplar ese reflejo sin zarandearnos marca la diferencia entre caminar sobre las aguas o hundirnos en ellas. tras muchos años tragando agua sigo la estela de otros que lo han conseguido y marcan un camino a seguir. tenemos infinitas posibilidades enfrente de nosotros.

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    1. Gracias Salvador, por pasarte y compartir tus impresiones. Espero estar también en ese camino de largo aprendizaje. Un saludo :)

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  6. Precioso, Belenchu. Me encanta lo que escribes y cómo lo escribes, y la alegría que llevas siempre contigo y que vas contagiando a tu alrededor.

    Me llevo un cachito de ti al otro lado del charco. Besitos!

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    1. Ayss, es que tu me ves con muy buenos ojos, gracias! ^^ Seguiré de cerca tu gran aventura. Cuídate mucho y disfruta cada momento! Un besazoooo

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  7. Me enorgullece como médico que soy saber que hay colegas como tú que integran el humanismo en su práctica clínica. Hacen que me sienta bien y me da esperanzas en que la Medicina del siglo XXI no está tan alejada del paciente como parece desde fuera por esa hostilidad que aquí comentas. Magnífica entrada. Te felicito. Un saludo.

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    1. Muchas gracias Virginia, para mi es gratificante ver que hay colegas que comparten esta forma de vivir la profesión. Como se suele decir, la medicina es la más humana de todas las ciencias :) Un saludo!

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  8. Felicidades por la simplicidad, concreción y humanidad que adjuntas a tus palabras....Makyyo en CURANDO CON EL ORDENADOR http://makyyo.blogspot.com.es/

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  9. Gracias Belén por tu post, que nos da Esperanza en las personas, en la vocación verdadera. La medicina te llevará por caminos de dolor y sufrimiento, pero también de amor y compasión. Estoy segura de que te hará cada vez aun mejor persona de lo que ya eres.
    Te quiero hija.

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    1. Gracias mamá, tu siempre me ves con buenos ojos ;) Un besazo!

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  10. Belen , tus pacientes tienen la suerte increíble de tenerte como medico ,nosotros tenemos la dicha de conocerte y sabemos que tu pasión siempre han sido las personas y sobre todo aquellas que eran más desfavorecidas. Creo que tienes un don y es gratificante comprobar que sigues con esa alegría y humanidad que siempre te ha caracterizado. Cuando una persona esta enferma además de la medicina que la cure busca esa cercanía que le transmita tranquilidad, tu sabes hacer eso y más .
    Además de llegar a ser un buen médico también emocionas con lo que escribes
    Un beso muy fuerte desde Badajoz

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    1. Gracias anónimo pero para la próxima identifícate, sobre todo si me conoces que ahora me dejas con la intriga! Y por cierto no soy médico, soy médica ;) Un abrazo!

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  11. Me quedo con un par de frases que me han encantado. Sobre todo lo de que te gustan las personas :)
    Sigue pensando y actuando así durante muchos años... Y ojalá mucha gente se contagie de tu forma de ver las cosas en el hospital.

    Muaks

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    1. Muchas gracias Miguel Ángel. Me alegra que te haya gustado el post. Un saludo! :)

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