jueves, 5 de abril de 2012

Se buscan donantes

Había una vez una chica que decidió estudiar medicina.
En su primer año de carrera, un buen día se encontró con un cartel que informaba de que una unidad del banco de sangre se trasladaría a la facultad proximamente.
Ella nunca había donado sangre antes y como casi todo el mundo, le tenía cierto respeto a las agujas. Nunca se había hecho un análisis de sangre (al menos que ella recordara) y por ese motivo la idea de donar le daba algo de miedo.

El día que por fin llegó la unidad móvil, se acercó timidamente a echar un vistazo y consiguió decidirse. Primero tuvo que rellenar un folio con muchas preguntas extravagantes, como aquella que se interesaba por si había estado en Inglaterra en cierto periodo de tiempo (más tarde averiguó el sentido de tales preguntas). Después pasó a ser recibida por el médico, que validó el cuestionario, le preguntó el peso, le tomó la tensión y le sacó una gotita de sangre para ver "si tienes sangre para los demás o solo para ti".

Finalmente, después de pasar por todos los filtros, la chica se tumbó en la camilla y esperó el pinchazo. La enfermera que le atendía hablaba animadamente y le pidió que abriera y cerrara el puño. Empezó a sentirse ligeramente mareada pero no quiso decir nada porque le daba vergüenza. Procuró aguantar, pero algo debía notársele en la cara porque de pronto la enfermera se puso seria y le preguntó si se encontraba bien. Un momento después, abrió los ojos y se encontraba en la camilla, completamente empapada en sudor frío y con varias enfermeras mirándola y abanicándola.
Esa fue la primera vez que se desmayó por donar sangre. Después del episodio casi todo el personal sanitario de la unidad estuvieron un rato pendientes de ella y ella se sintió terriblemente mal por haber causado tal revuelo pero sobre todo por no haber conseguido donar.

La chica siguió avanzando en su carrera de médica asistiendo a muchos quirófanos, a partos, a curas... y nunca se mareó ni se desmayó. Sin embargo trató de volver a donar sangre varias veces más, y en todas obtuvo el mismo fatídico resultado.
Los que la atendían siempre le decían que se abstuviese de donar, que no pasaba nada y que "hay mucha gente que no puede ser donante". A ella esas palabras le dolían igual que le dolían las risas y burlas de sus compañeros por marearse o desmayarse cada vez que lo intentaba.
A todos ellos les parecía una tontería que siguiese intentándolo una y otra vez y no entendían porqué no se resignaba. Pero para ella se había convertido en un reto personal y había decidido que no dejaría de intentarlo hasta que por fin consiguiera dominar aquella estúpida y fastidiosa reacción de su cuerpo.

La última vez que lo intentó una sanitaria del banco de sangre le dijo que ella entendía su frustración porque tampoco podía donar por culpa de sus cifras de hemoglobina. Y le dijo que su forma de mitigarlo era convenciendo a otras personas para que fueran a donar. Le pareció una excelente idea.

Asi que aqui estoy hoy transmitiendo su mensaje.
Hay muchas personas que ponen toda su intención y su buena voluntad en donar sangre pero que por diferentes motivos no son aceptados como donantes. Hay otras personas que están en perfectas condiciones para serlo pero que nunca se acercan a los bancos de sangre o que donan una vez cada varios años cuando alguna unidad móvil se cruza en su camino.

Desde aqui me gustaría invitar a todos los que sabeis que podeis donar sin dificultad a que os acerqueis al menos 2 veces al año a vuestro hospital más cercano para donar periódicamente. Diariamente se gastan muchísimas bolsas de sangre en intervenciones y tratamientos. Muchas más de las que probablemente os imagináis.

Desde mi punto de vista donar tu propia sangre es un gesto enorme de amor y de solidaridad. Es algo que nos cuesta esfuerzo y que no nos acarrea ningún beneficio. Es uno de los mejores regalos que podemos poner a disposición de nuestros congéneres.

Asi pues, se buscan donantes que puedan suplir a esas personas que lo desean con toda su alma y no pueden hacerlo. Tened por seguro que tendréis su infinito agradecimiento. Y quizás podáis ayudar a mitigar un poco su frustración.

Donad por los que lo necesitan, por los que no pueden hacerlo aunque quieran, por vosotros. Dondad por quien y por lo que querais. Pero donad.

2 comentarios:

  1. Una gran lección, Aplicable a muchos ambitos de la solidaridad.

    un abrazo

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  2. Cuando era estudiante solía donar.

    Ahora ya he tenido mis pinchazos quirúrgicos y claro, entre serología y serología no puedo hacerlo. Oops.

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