martes 14 de diciembre de 2010

Pacientes

Martes, 10 de la mañana.
Acaba la clase de medicina preventiva y subo mis cosas a la biblioteca. Como no tengo taquilla (porque soy Séneca y no hay para todos los autóctonos) decido dejar el tocho de apuntes alli y llevarme solo la bata, porque hoy me toca visitar a un paciente que me han asignado y hacerle una historia clínica completa.
Me dirijo hacia el ala de Medicina Interna III, pabellón de infecciosas, y me pongo mi bata, mientras enfermeros, auxiliares y residentes pasan por mi lado sin fijarse en mi.
Busco la habitación de mi paciente. Entro.
No me espera, está viendo la tele sentado en ese sillón verde tan típico de los hospitales. Le saudo y me presento. Le pregunto su nombre. No lo entiendo. Mal vamos...
El señor que me han asignado tiene una mascarilla de oxígeno puesta, está muy delgado y tan amarillo como un limón. Bueno no, más bien como si se hubiera dado un baño de azafrán. Decido no ponerlo así en la historia. "Ictericia", resumo.

Le informo de que soy estudiante de medicina y de que tengo que hacerle una entrevista y después explorarlo.
El asiente con la cabeza y me deja hacer.
Contesta a todas mis preguntas, algunas respuestas las entiendo vagamente y otras apunto como dato importante y orientativo.
Después me dispongo a explorarlo. A ver: "constantes vitales". Miro a mi alrededor. No hay tensiómetro ni termómetro. Muy bien. En fin, luego ojearé la hoja de enfermería.
Empiezo por las pupilas. Saco mi sable láser (cortesía de Luis, gracias!!) y le enchufo directamente. Nada. Los diminutos agujeritos negros no se dilatan. O al menos eso me parece a mi. Lo repito varias veces. Lo mismo. Estoo...el paciente está en infecciosos y la verdad es que es bastante poco probable, y no muy coherente que tenga el reflejo oculomotor ausente asi que... "anisocóricas y normorreactivas" escribo. Y me apunto una nota mental: "practicar lo de la linternita estas Navidades" (familia, preparaos!).
Continúo con la exploración como si nada. Él, paciente, se deja sin rechistar y responde a todas mis preguntas amablemente (aunque sigue costándome entenderlo).
Intento ir por orden, pero aún así hago que el hombre se levante y se siente varias veces en menos de un minuto. A mi última orden de: "se puede usted sentar", responde: "¿seguro?" Me hace gracia, pero admito que tiene razón. "Pobre señor...la que le ha tocado", pienso.
Aún así, cuando me despido, un rato después, y le doy las gracias por haberme dejado hacerle todas esas perrerías, me contesta: "de nada mujer, cuando tu quieras" con una sonrisa disimulada por la mascarilla de oxígeno.


Salgo de la habitación y respiro algo aliviada.
No es que no me guste hacer historias clínicas, pero la verdad, me imponen los pacientes. Me siento un poco intrusa, ya que los estudiantes llegamos cuando nadie nos espera y hacemos cosas por nuestra cuenta sin que esto les vaya a servir de nada a ellos. Y la verdad, nunca he estado con un paciente que se quejara de mi presencia. O de que lo explorase. Y siempre doy las gracias cuando salgo de una habitación, pero ellos siempre contestan con una sonrisa y un "no se merecen".
Escuchamos todos los días casos de algunos pacientes que son impertinentes con los médicos y que incluso los agreden. Por eso me choca tanto que tengan esa actitud tan amable e incluso cariñosa con los aspirantes.
Quiero dedicar esta entrada y darle las gracias, a todas esas personas que alguna vez se han dejado hacer perrerías por algún estudiante en prácticas. Porque muchas veces nos tratais mejor que el propio personal sanitario. Porque lo haceis sin quejaros, y con una sonrisa acompañada de palabras amables. Porque todos alguna vez hemos sido pacientes, y es de agradecer que el otro se ponga en tu lugar.